Susana Ramírez | November
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November

Aquella tarde de Noviembre.
No sé como comenzó. Poco rato después de tenerte delante, dejé de escucharte. Te oía, me interesaba todo lo que me contabas, pero no podía pensar en otra cosa que en las ganas que tenía de besarte. De besar aquella boca que desde el primer momento de verla, me había estremecido por soñarla.
Pensarás que tan sólo era pasión.. Pero tú me trasmitías mucho más que eso.
Y así pasaron las horas. Hablándonos, conociéndonos, tanteándonos. Mirándonos de forma abrumadora, deseándonos a morir.
Era como si nos hubiésemos estado esperando toda la vida.
Queríamos comernos, pero a largo plazo.
La tarde pasaba, la noche caía y entre bocados me di cuenta que ya ni te oía. Tan solo podía escuchar a mi cabeza gritar de euforia que te besara cuanto antes o amenazaba con enloquecer.

Finalmente llegó el momento. Desgraciadamente no me sació.
Necesitaba muchos más besos, mucho más contacto, mucho más de ti.
Pero he aprendido de la vida que las cosas a veces requieren su tiempo, y es mejor ir poco a poco y llegar lejos, que ir rápido y no llegar a nada.
Pues me cago en las lecciones de la vida.
Esa fue la última vez que te vi.

Recuerdo perfectamente aquél martes.
Y posiblemente nunca lo olvide.
Como tú dijiste “no se olvida tan fácilmente a una persona capaz de hacerte sonreír toda una tarde”.

Susana Ramírez
susanaramirez.ap@gmail.com